domingo, 10 de marzo de 2013

Acta o Compromiso de Luxemburgo (1966)



Con la llegada al poder de De Gaulle en Francia, habían aparecido divergencias sobre la política de defensa y el papel de las instituciones comunitarias, o por la cuestión de la petición de entrada del Reino Unido en el Mercado Común. Pero una serie de discordias sobre la aplicación de la Política Agraria Común (PAC) y sus mecanismos de financiación estallaron en la sesión del Consejo de Ministros de Asuntos Exteriores del 30 de junio de 1965 donde el ministro francés se retiró (Couve de Murville) de la mesa de negociación. El 1 de julio el ministro de asuntos exteriores lo explicaba y el 5 de septiembre De Gaulle contaba su versión. Aunque había llegado el momento, así estaba previsto en los Tratados, de pasar a adoptar las decisiones por mayoría cualificada (un rasgo distintivo de la supranacionalidad), Francia consideraba que debía mantenerse la unanimidad para aquellas materias de fundamental importancia para algún Estado miembro. La contradicción con los Tratados era evidente y el resto de Estados no aceptó la interpretación francesa La presencia francesa en las Comunidades quedaba en suspenso, según daba a entender su ministro de AAEE.

Durante los seis meses siguientes, la “crisis de la silla vacía” afectó muy seriamente a las instituciones comunitarias. Se paralizó el Consejo y el COREPER, así como la proyección exterior de las Comunidades en el GATT. Conscientes de que había que parar esa situación, el 26 de octubre los cinco gobiernos enviaron al Ejecutivo francés un comunicado pidiendo negociaciones, aunque reivindicando la vigencia de los Tratados comunitarios. En enero de 1966, el presidente francés se reunió con sus cinco colegas en Luxemburgo y planteó sus exigencias: mantenimiento del voto por unanimidad en el Consejo de ministros y recorte de los poderes ejecutivos de la Comisión en beneficio del Consejo.

Los Seis volvieron a reunirse en Luxemburgo los días 28 y 29 y adoptaron el llamado Compromiso o Acta de Luxemburgo. Se confirmaba el sistema de voto mayoritario pero se admitiría que los gobiernos pudieran vetar aquellas decisiones especialmente importantes que consideraran que lesionaran sus “intereses nacionales vitales”, incluido el ingreso de nuevos miembros (cláusula de unanimidad).

El Compromiso de Luxemburgo no era un consenso positivo, sino una cesión forzada por las circunstancias, que no tuvo impronta legal. Representó un importante “retroceso político” de integración al favorecer el papel individual de los estados. Pero aseguró la vigencia de los Tratados de Roma, facilitó la ejecución de la PAC y permitió seguir avanzando en la fusión de los organismos. Por otra parte, representó un evidente retroceso en el proceso “político” de integración al fortalecer el papel individual de los gobiernos en la toma de decisiones y reforzó el eje franco-alemán en detrimento de las posiciones de los otros cuatro socios. De hecho, con la unión de las Tres Comunidades alemanes y franceses eliminaron de la presidencia a Hallstein, destacado opositor a la política del Eliseo.

Fuente: usuario Eme del blog Página No Oficial de Uned-historia

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