domingo, 12 de mayo de 2013

La Europa de las patrias (1960)


Tras la firma de los tratados de Roma y el desarrollo económico que se vivió parecía abierto el camino de Europa. Sin embargo, frente al éxito económico se produce una crisis política motivada por los cambios que vivió Francia. Esta alternancia entre periodos de predominio europeísta y no estatalista caracterizan el proceso e integración.

En la primavera del 1958, los franceses combatían contra los sublevados argelinos que querían la independencia del país magrebí. A consecuencia de esta crisis cayó la IV República y el General De Gaulle instauró la V República y la hegemonía de su partido, la conservadora Alianza del Pueblo Francés (RPF).

El 5 de octubre de 1958 dio comienzo la V República. Aunque su primer presidente, el general De Gaulle, manifestó la fidelidad de Francia a los tratados de Roma, en la práctica se hizo una reinterpretación de éstos en clave estatal (no supranacional): en concreto, se hablaba de confederación y no de federación.

La llegada al poder del nacionalismo gaullista tuvo consecuencias para la integración europea, al avivar el debate entre federalistas y confederales. El gaullismo había criticado muchas iniciativas de los gobiernos democristianos y socialistas de la IV República, en especial la CED y la CPE. No cabía pensar que De Gaulle diese marcha atrás. Pero la fe europeísta del general y del Gobierno fue manifiesta en la rueda de prensa de 5 de septiembre de 1960, en el Palacio del Eliseo, donde el presidente de la República enunció la conocida como Declaración de la Europa de las Patrias

Las grandes líneas de su proyecto europeo se contenían en una conferencia de prensa que realizó en El Elíseo el 5 de septiembre de 1960, conocida como «Declaración de la Europa de las patrias», en la que proponía el método clásico de reuniones en la cumbre.

De Gaulle, por encima incluso de Margaret Thatcher, aunque rechazaba el federalismo, era un convencido partidario de la integración continental mediante una confederación o cooperación que respetara la soberanía de los estados. Por lo tanto, el estadista francés proponía avanzar por la senda de las Comunidades, pero sin ir mucho más allá de los Tratados de Roma.

De Gaulle tenía la visión del orden europeo como un equilibrio internacional de cooperación entre los estados en el escenario mundial.

Era evidente la preocupación de algunas Administraciones estatales, que aún suscribiendo una visión general positiva de la integración, a la que sólo escapaban la izquierda anticapitalista y la derecha radical, contemplaban con preocupación el creciente poder de un cuerpo de políticos y funcionarios de las Comunidades, ajenos a la disciplina de los gobiernos nacionales y que eran despectivamente calificados de “eurócratas”.

En este contexto Monnet no renunció a su objetivo último, la unión política de Europa, y desde su comité de acción lanzó a finales de 1959 la idea de fusión de los tres ejecutivos europeos y la constitución de una Asamblea común elegida por sufragio universal. Por otro lado, intentó que las instituciones comunitarias fuesen respetadas y que el camino hacia la federación permaneciese abierto. En este sentido, la Asamblea de las Comunidades adoptó el 28 de junio de 1960 una resolución en la que admitía las cumbres de jefes de Estado y de gobierno a condición de que las Comunidades se vieran reforzadas: elección directa de la asamblea, fusión de los tres ejecutivos.

Fuente: usuario Eme del blog Página No Oficial de Uned-historia

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